1–3 g/día. Aporta menos EPA+DHA por cápsula que un aceite de pescado concentrado.
Baja los triglicéridos, de forma parecida al aceite de pescado a igualdad de EPA+DHA.
Ver el estudio (ECA) →El fosfolípido se absorbe algo mejor que los triglicéridos del aceite de pescado.
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El aceite de krill es el aceite extraído del krill antártico (Euphausia superba), un pequeño crustáceo de las aguas más frías del planeta que constituye la biomasa animal más abundante del océano y la base de la cadena alimentaria antártica; su composición lipídica es distinta de la del aceite de pescado convencional en un aspecto bioquímicamente relevante: los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA) están unidos predominantemente a fosfolípidos (fosfatidilcolina) en lugar de a triglicéridos, una característica estructural con implicaciones reales para la absorción y biodisponibilidad.
Además de su perfil de omega-3 fosfolipídicos, el aceite de krill contiene astaxantina (un carotenoide con potente actividad antioxidante que confiere al krill y al salmón su característico color rosa anaranjado) y colina, dos micronutrientes con valor nutricional añadido; estas características diferenciales han impulsado el aceite de krill como alternativa premium al aceite de pescado tradicional, con un coste por gramo significativamente superior y con promesas de biodisponibilidad superior que la investigación clínica ha confirmado parcialmente.
Varios estudios farmacocinéticos comparativos han documentado que el EPA y DHA del aceite de krill alcanzan concentraciones plasmáticas superiores a las del aceite de pescado a igualdad de dosis total de omega-3, una ventaja atribuida a la mejor absorción de los fosfolípidos comparados con los triglicéridos, especialmente en personas con función pancreática o biliar subóptima; la magnitud de la diferencia es variable según los estudios (entre 10 y 60 por ciento más biodisponible) y no se traduce necesariamente en diferencias clínicas significativas si las dosis se equiparan adecuadamente.
En hipertrigliceridemia leve a moderada, varios ensayos pequeños han mostrado reducciones significativas de triglicéridos plasmáticos (entre 10 y 25 por ciento) con dosis de 1-4 gramos diarios de aceite de krill durante 8-12 semanas, magnitudes comparables a las del aceite de pescado convencional a dosis equivalentes de EPA+DHA; la utilidad clínica es la misma que la del aceite de pescado y no hay datos robustos que demuestren superioridad clínica del krill en esta indicación.
En procesos inflamatorios crónicos (artritis, enfermedad cardiovascular subclínica), el aceite de krill ha mostrado reducciones modestas de marcadores inflamatorios (proteína C reactiva, IL-6) y de síntomas en algunos estudios pequeños, con un perfil similar al del aceite de pescado convencional; la astaxantina añadida podría aportar valor antioxidante adicional pero los efectos clínicos atribuibles específicamente a esta diferencia son difíciles de aislar.
En síndrome premenstrual, un ensayo aleatorizado pequeño publicado en 2003 mostró mejoras significativas en escalas de SPM y reducción del consumo de analgésicos durante 3 meses con aceite de krill a 2 gramos diarios; los datos son interesantes pero requieren replicación independiente en cohortes más amplias antes de poder considerar esta indicación bien establecida.
Las dosis estudiadas oscilan entre 1 y 4 gramos diarios de aceite de krill, repartidos en una o dos tomas con las comidas; los productos comerciales típicos contienen 500-1.000 mg de aceite por cápsula con aproximadamente 100-180 mg de EPA+DHA por cápsula; el contenido de omega-3 total por cápsula es habitualmente inferior al del aceite de pescado concentrado, lo que justifica el uso de varias cápsulas diarias para igualar dosis terapéuticas.
Generalmente bien tolerado; los efectos adversos más frecuentes son molestias digestivas leves (eructos con sabor a marisco, dispepsia ocasional), significativamente menores que con aceite de pescado por la estructura fosfolipídica; las personas con alergia a marisco deben evitar el aceite de krill por riesgo de reacciones alérgicas (el krill es un crustáceo); las que toman anticoagulantes tipo warfarina deben tener precaución teórica por efecto antiagregante similar al del aceite de pescado; el coste por gramo de omega-3 es claramente superior al del aceite de pescado convencional, una consideración práctica importante: para la mayoría de indicaciones de omega-3 el aceite de pescado purificado de calidad farmacéutica ofrece una relación coste-eficacia mejor que el krill, que se justifica mejor en personas con mala tolerancia digestiva al aceite de pescado convencional o en quienes valoran específicamente la astaxantina añadida; en embarazo y lactancia los datos específicos son limitados aunque el aporte de omega-3 es generalmente beneficioso.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.