2,5 g/día (rendimiento); hasta 6 g/día para la homocisteína.
⏱ 3 min de lectura
La betaína, también conocida como trimetilglicina (TMG) o N,N,N-trimetilglicina, es un compuesto aminoácido cuaternario derivado del aminoácido glicina al que se han adicionado tres grupos metilo; está presente en cantidades significativas en alimentos como remolacha (de donde toma su nombre, ya que se identificó originalmente en Beta vulgaris), espinacas, mariscos, salvado de trigo y quinoa, con consumos dietéticos típicos de 100-300 mg/día en dietas occidentales; sus dos funciones biológicas principales son actuar como osmolito celular (regulador del volumen y del estrés osmótico) y como donante metabólico de grupos metilo, contribuyendo a la conversión de la homocisteína en metionina a través de la enzima betaína-homocisteína metiltransferasa (BHMT), una vía paralela a la dependiente de folato y vitamina B12.
Esta doble función biológica explica el perfil de aplicaciones clínicas del betaína como suplemento: por una parte, indicaciones metabólicas (homocistinuria, esteatosis hepática, modulación de homocisteína plasmática) y por otra parte, indicaciones ergogénicas y de rendimiento físico donde la actividad osmolítica facilita el rendimiento muscular bajo estrés osmótico y térmico característico del entrenamiento intenso.
La indicación clínica original es la homocistinuria, un grupo de errores congénitos del metabolismo de la homocisteína que produce cifras plasmáticas extremadamente altas con riesgo cardiovascular, oftalmológico, esquelético y neurológico serio; en estos cuadros, la betaína a dosis altas (6-9 gramos diarios) es tratamiento de elección reconocido y comercializado como medicamento (Cystadane), con datos clínicos sólidos de reducción de homocisteína y de complicaciones clínicas asociadas.
En personas con hiperhomocisteinemia moderada (causa más común, no genética), la suplementación con betaína a dosis moderadas (1,5-3 g/día) reduce significativamente las cifras plasmáticas; sin embargo, los grandes ensayos de intervención cardiovascular con bajada farmacológica de homocisteína (HOPE-2, NORVIT, VISP, SEARCH) no han demostrado beneficio sobre eventos cardiovasculares, lo que limita la utilidad clínica práctica de bajar la homocisteína en prevención cardiovascular, una de las decepciones más conocidas de la nutrición clínica intervencional.
En esteatosis hepática no alcohólica (NAFLD) y esteatohepatitis no alcohólica (NASH), varios ensayos pequeños han documentado mejoras en transaminasas, en grasa hepática y en marcadores inflamatorios con suplementación a 6-20 gramos diarios durante 6-12 meses; los datos son interesantes pero los ensayos son aún pequeños y la indicación no ha entrado en guías clínicas convencionales para esteatosis hepática.
En rendimiento deportivo, varios ensayos han mostrado mejoras modestas pero replicables en producción de fuerza, potencia muscular, número de repeticiones a intensidad submáxima y recuperación con suplementación a 2,5 g/día durante 1-6 semanas; los efectos son pequeños pero significativos y se han documentado en deportes de fuerza y de resistencia, atribuidos a la función osmolítica que mejora la hidratación celular y la tolerancia al estrés mecánico y térmico del ejercicio intenso.
Las dosis estudiadas varían según la indicación: para homocistinuria farmacológica, 6-9 g/día divididos; para esteatosis hepática, 6-20 g/día divididos en 2-3 tomas; para rendimiento deportivo, 2,5 g/día como dosis única o dividida; para reducción modesta de homocisteína, 1,5-3 g/día; los productos comerciales típicos son polvo (la betaína tiene sabor ligeramente dulce y se disuelve bien en agua) o cápsulas con 500-1.000 mg cada una; el uso simultáneo con folato y vitamina B12 es lógicamente más eficaz que la betaína sola para reducción de homocisteína.
Generalmente bien tolerada en dosis moderadas; los efectos adversos descritos son raros y leves (molestias digestivas leves, sabor desagradable persistente en algunos productos); a dosis muy altas (más de 6 g/día) pueden aparecer náuseas, diarrea y, ocasionalmente, aumentos discretos de colesterol LDL plasmático documentados en algunos estudios; las personas con enfermedad renal seria deben tener precaución porque la betaína es osmóticamente activa y puede modificar el balance hidroelectrolítico; las que toman fármacos cuya absorción puede verse alterada deben separar las tomas; en personas con tendencia a colesterol alto, vigilar perfil lipídico con dosis altas mantenidas; en embarazo y lactancia los datos específicos como suplemento son limitados aunque el aporte dietético habitual es seguro; la betaína no debe confundirse con la betaína HCl (clorhidrato de betaína, usado como ayuda digestiva en hipoclorhidria), que tiene aplicaciones clínicas distintas y un perfil farmacológico diferente.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.