Adultos: 10–20 g/día de calostro bovino en polvo, desde 2–8 semanas antes de la época de riesgo. Niños pequeños: 0,5–1 g/día en los ensayos.
5 ensayos en adultos que entrenan resistencia (10–20 g/día, 8–12 semanas): 44% menos días con síntomas respiratorios y 38% menos episodios. Unos 4 de cada 5 participantes eran hombres.
Ver el estudio (meta-análisis) →5 ensayos en niños: menos episodios de diarrea (OR 0,29), 1,4 deposiciones menos al día y menos rotavirus y E. coli en heces. El calostro hiperinmune funciona mejor.
Ver el estudio (meta-análisis) →Niños de 3–7 años, 6 semanas antes del invierno (0,5–1 g/día): la mitad de episodios de infección respiratoria y síntomas un 36% más leves durante 20 semanas. Ensayo pequeño; el autor principal colabora con el fabricante.
Ver el estudio (ECA) →20 g/día durante 14 días casi anuló el aumento de permeabilidad intestinal que provoca correr con calor. Otros estudios con otros productos no lo replicaron: la calidad del calostro importa.
Ver el estudio (ECA) →500 mg/día durante 20 días redujo la permeabilidad intestinal y la zonulina en heces en deportistas con permeabilidad elevada.
Ver el estudio (ECA) →En voluntarios sanos, la indometacina triplicó la permeabilidad intestinal; tomada junto con calostro no subió.
Ver el estudio (ECA pequeño) →25 g/día durante 12 semanas en hombres que entrenan resistencia: la IgA de la saliva subió tras el ejercicio; sin cambios claros en los anticuerpos de la sangre.
Ver el estudio (ECA) →En deportistas no cambia de forma medible la IgA de la saliva, la IgA o IgG de la sangre, los linfocitos ni los neutrófilos. Su efecto frente a los resfriados iría por otra vía.
Ver el estudio (meta-análisis) →Con 10–60 g/día durante 6–9 semanas, algunos ensayos ven mejor rendimiento en ciclistas y recuperación más rápida en etapas de entrenamiento intenso; otros no. No sube el IGF-1 en sangre ni afecta a los controles antidopaje.
Ver el estudio (revisión) →90 días con un suplemento de calostro en personas de 50–85 años: no cambió el objetivo principal (IgA de la saliva), pero hubo menos resfriados, llagas en la boca y fatiga que con leche en polvo. Resultado exploratorio.
Ver el estudio (ECA) →13 ensayos: algunos ven menos colesterol o triglicéridos (en diabetes tipo 2 y en mayores), pero la mayoría no se diferencia del placebo. Certeza muy baja.
Ver el estudio (revisión sistemática) →4 ensayos en prematuros: algo menos de intolerancia alimentaria (probablemente por sesgo) y ningún efecto en la enterocolitis necrotizante ni en el tiempo hasta la alimentación completa. Los autores no lo recomiendan.
Ver el estudio (meta-análisis) →Sin efecto claro sobre las infecciones — resultado nulo/mixto
Ver el estudio (meta-análisis) →⏱ 6 min de lectura
El calostro es la primera secreción láctea producida por las glándulas mamarias de los mamíferos en las primeras 24-72 horas tras el parto, una "primera leche" excepcionalmente rica en inmunoglobulinas, factores de crecimiento, citoquinas, lactoferrina, péptidos antimicrobianos y proteínas bioactivas que proporciona al neonato la transferencia de inmunidad pasiva crítica para sus primeros días de vida y los nutrientes específicos para el desarrollo intestinal acelerado del periodo neonatal; en muchas especies (incluyendo bovinos), la transferencia placentaria de inmunoglobulinas es limitada y el calostro es la principal vía de inmunización pasiva del recién nacido.
Los suplementos comerciales de calostro son habitualmente calostro bovino estandarizado, recogido en las primeras horas postparto de vacas tras el nacimiento del ternero (con cuidado de no privar al ternero del aporte mínimo necesario para su desarrollo) y procesado mediante secado en aerosol o liofilización para producir un polvo estable; la composición resultante mantiene una proporción significativa de inmunoglobulinas (especialmente IgG bovina, que representa hasta el 70-80 por ciento de las proteínas totales del calostro), factores de crecimiento (especialmente factor de crecimiento similar a la insulina IGF-1 e IGF-2), lactoferrina y otros componentes con actividad biológica documentada.
La indicación con respaldo clínico más sólido es la mejora de la integridad de la barrera intestinal en situaciones de hiperpermeabilidad: varios ensayos pequeños han documentado mejoras en marcadores de permeabilidad intestinal y en sintomatología digestiva con suplementación a 10-60 gramos diarios durante semanas a meses, una indicación coherente con los factores de crecimiento epitelial intestinal y los componentes inmunomoduladores presentes en el calostro.
En "intestino de los atletas" (la hiperpermeabilidad intestinal asociada al ejercicio de resistencia extremo en condiciones de calor y deshidratación), varios estudios han mostrado reducciones significativas de marcadores de permeabilidad y de endotoxemia con suplementación específica antes y durante eventos de larga duración, una indicación con respaldo clínico moderado en medicina deportiva de resistencia.
En diarrea infecciosa (especialmente rotavírica en pediatría y diarrea por Cryptosporidium en pacientes inmunodeprimidos), varios ensayos han documentado reducciones en duración y severidad con suplementación específica con calostro hiperinmune (calostro de vacas previamente inmunizadas frente al patógeno específico); las preparaciones comerciales no hiperinmunes tienen efectos más modestos pero también documentados en diarrea inespecífica.
En frecuentadores de infecciones respiratorias recurrentes, especialmente en atletas durante periodos de carga elevada de entrenamiento, varios estudios pequeños han documentado reducciones modestas en frecuencia y severidad de infecciones respiratorias con suplementación durante semanas a meses, una indicación con respaldo clínico moderado coherente con el perfil inmunomodulador.
Las dosis estudiadas varían enormemente según indicación: para salud intestinal y atletas, 10-20 g/día divididos; para inmunidad general, 5-10 g/día; para diarrea infecciosa, dosis específicas según protocolos clínicos; los productos comerciales típicos son polvo soluble que se disuelve en agua o leche, con sabor ligeramente lechoso característico; los productos de buena calidad declaran el contenido en inmunoglobulinas (idealmente al menos 20-30 por ciento de IgG bovina) y el método de procesamiento.
La consideración de seguridad más importante es la calidad y origen del producto: el calostro de baja calidad o procesado inadecuadamente puede contener contaminantes microbianos, residuos de medicamentos veterinarios o adulteración con proteínas lácteas convencionales (que tienen perfil mucho menos activo biológicamente); las personas con alergia a proteínas de leche de vaca deben evitar el calostro completamente; las que tienen intolerancia a lactosa deben preferir productos con bajo contenido en lactosa o usar dosis pequeñas con cuidado; los productos sin procesamiento adecuado pueden contener IgF-1 y otros factores de crecimiento en cantidades que algunos especialistas han sugerido como teóricamente preocupantes en personas con cánceres con dependencia de IGF-1, aunque los datos clínicos en humanos no muestran señales claras de riesgo aumentado con suplementación a dosis habituales; en embarazo y lactancia los datos específicos son limitados y se recomienda evitar por precaución; los productos baratos pueden tener contenido real de inmunoglobulinas mucho menor del declarado y conviene elegir productos de fabricantes con buena reputación de control de calidad y verificación independiente del contenido en IgG bovina.
El calostro bovino ha pasado de suplemento de nicho a uno de los más estudiados en inmunidad y salud intestinal. La evidencia más sólida está en la prevención de infecciones respiratorias en personas que entrenan duro: un meta-análisis de cinco ensayos encontró un 44 por ciento menos de días con síntomas y un 38 por ciento menos de episodios con 10–20 gramos diarios durante 8–12 semanas, con un efecto algo mayor a 20 gramos [6].
En niños, otro meta-análisis de cinco ensayos mostró que el calostro, sobre todo el hiperinmune, reduce la aparición de diarrea infecciosa y la presencia de rotavirus y E. coli en heces [7], y un ensayo de 2023 en niños de 3 a 7 años encontró la mitad de episodios de infección respiratoria durante el otoño y el invierno con dosis muy pequeñas, de medio a un gramo diario [8].
En adultos de 50 a 85 años, un ensayo de 2026 con 188 personas no logró cambiar su objetivo principal, la IgA de la saliva, pero registró menos resfriados, llagas en la boca y fatiga que con leche en polvo normal; los autores lo consideran un resultado exploratorio que hay que confirmar [9].
Cuando se miden anticuerpos y células inmunitarias en sangre, el calostro apenas los mueve: un meta-análisis de diez ensayos en deportistas no encontró cambios en la IgA o IgG de la sangre, la IgA de la saliva, los linfocitos ni los neutrófilos [10]. Un ensayo cruzado de 2024 con 25 gramos diarios durante 12 semanas sí vio subir la IgA de la saliva justo después del ejercicio [11]. La hipótesis más aceptada es que actúa sobre todo en las mucosas, donde sus inmunoglobulinas, la lactoferrina y los factores de crecimiento refuerzan la barrera del intestino y de las vías respiratorias, más que estimulando el sistema inmune en general.
Esa misma idea encaja con los resultados en el intestino: 20 gramos diarios durante dos semanas casi anularon el aumento de permeabilidad intestinal que provoca correr con calor [3], 500 miligramos diarios redujeron la zonulina en heces en deportistas [1], y en voluntarios sanos el calostro evitó que el antiinflamatorio indometacina triplicara la permeabilidad intestinal [12]. No todos los estudios lo replican, y la calidad y la bioactividad del producto parecen importar mucho [13].
Para perder grasa o mejorar el colesterol, una revisión sistemática de 2026 con 13 ensayos concluye que la certeza es muy baja: algunos estudios ven menos colesterol o triglicéridos, pero la mayoría no se diferencia del placebo [14]. En bebés prematuros, un meta-análisis de 2026 con 670 bebés no encontró efecto sobre la enterocolitis necrotizante ni sobre el tiempo hasta la alimentación completa, y sus autores no lo recomiendan en este grupo [15]. En rendimiento deportivo los resultados son mixtos: algunos ensayos ven mejor rendimiento en ciclistas y recuperación más rápida en etapas de entrenamiento intenso, y otros no [13].
Casi toda la evidencia en adultos viene de deportistas varones: en torno al 80 por ciento de los participantes de los meta-análisis en deporte eran hombres [6][10], y el ensayo de 2024 incluyó solo hombres [11]. Los ensayos en niños y en mayores mezclan ambos sexos pero no analizan las diferencias por separado, así que hoy no se sabe si el efecto es el mismo en mujeres.
Las dosis con más respaldo son 10–20 gramos diarios en adultos y de medio a un gramo en niños pequeños, empezando de 2 a 8 semanas antes de la época de más riesgo. Aunque el calostro contiene IGF-1, los estudios con un placebo igualado en proteína no muestran subidas del IGF-1 en sangre ni interferencias con los controles antidopaje, y no está prohibido en el deporte [13].
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.