Muy variable; en epilepsia se usan dosis altas bajo receta. Calidad y etiquetado muy desiguales en el mercado.
Ensayos clínicos antiguos: dosis de CBD (hasta 600 mg) no mostraron toxicidad ni efectos psicotrópicos, pero varios voluntarios refirieron somnolencia, y se observaron efectos hipnóticos (sueño) y antiepilépticos. Estudios pequeños y antiguos; coherente con usos actuales del CBD.
Ver el estudio (estudio) →⏱ 4 min de lectura
El cannabidiol o CBD es uno de los más de 100 cannabinoides identificados en la planta Cannabis sativa, junto con el tetrahidrocannabinol (THC) que es el principal responsable de los efectos psicoactivos del cannabis recreativo; a diferencia del THC, el CBD no produce intoxicación, no es psicoactivo en sentido recreativo, y tiene un perfil farmacológico distinto que combina efectos sobre el sistema endocannabinoide endógeno, sobre receptores de serotonina, sobre canales TRPV1 y sobre múltiples otras dianas moleculares con relevancia clínica en ansiedad, dolor crónico, sueño, inflamación y, especialmente, en algunos cuadros epilépticos refractarios donde el CBD farmacéutico es ya tratamiento de primera línea.
El estatus regulatorio del CBD es complejo y heterogéneo internacionalmente: en algunos países está completamente legalizado como suplemento o alimento funcional, en otros está restringido a uso médico con prescripción específica, y en otros más sigue prohibido o en zonas grises legales; en España, el CBD puede comercializarse como cosmético (no para consumo) y como medicamento específico con autorización (Epidyolex para algunas formas de epilepsia refractaria); los productos vendidos como "aceites de CBD para uso oral" están en una zona regulatoria ambigua que conviene conocer antes del consumo.
La indicación con respaldo clínico más robusto, suficiente para autorización como medicamento, es el tratamiento de epilepsias refractarias específicas en la infancia: síndrome de Dravet, síndrome de Lennox-Gastaut y complejo esclerosis tuberosa; varios ensayos aleatorizados controlados con placebo han demostrado reducciones del 30-50 por ciento en frecuencia de crisis en pacientes con epilepsias previamente refractarias a múltiples fármacos antiepilépticos, una eficacia clínicamente notable que llevó a la aprobación regulatoria del Epidyolex (cannabidiol purificado farmacéutico) por la FDA y la EMA.
En ansiedad, varios ensayos pequeños y un creciente cuerpo de evidencia han documentado mejoras significativas en ansiedad social, trastorno por estrés postraumático, ansiedad generalizada y ansiedad anticipatoria con dosis de 25-600 mg/día durante semanas a meses; los efectos son habitualmente más rápidos que con ISRS y con perfil de tolerancia diferente, posicionando al CBD como opción emergente en ansiolisis aunque la calidad metodológica de los estudios es heterogénea y la evidencia sigue creciendo.
En dolor crónico (especialmente neuropático y musculoesquelético), varios ensayos han documentado mejoras modestas en escalas de dolor con dosis de 100-600 mg/día; los efectos son cuantitativamente menores que los de opioides u otras intervenciones farmacológicas específicas pero pueden ser clínicamente útiles como complemento, con perfil de tolerancia favorable y sin riesgo de dependencia.
En insomnio, especialmente cuando se asocia a ansiedad o dolor crónico, el CBD a dosis moderadas (25-160 mg) tomado por la tarde-noche puede mejorar conciliación y calidad del sueño en estudios pequeños; los efectos son heterogéneos según el cuadro de fondo y las dosis utilizadas, con magnitudes generalmente modestas pero clínicamente útiles para algunos pacientes.
El mercado de productos CBD no regulados es un problema clínico real: varios estudios independientes han documentado que una proporción significativa de productos comerciales de CBD (especialmente aceites y comestibles) tienen contenido real de CBD significativamente distinto del declarado en la etiqueta (a veces muy inferior, a veces muy superior, ocasionalmente cero); además, una proporción no despreciable contiene THC residual no declarado en cantidades suficientes para producir efectos psicoactivos o problemas en pruebas antidoping; conviene elegir productos con certificación independiente del contenido y verificación de pureza por terceros (Certificate of Analysis o COA accesible).
Las dosis estudiadas varían enormemente según la indicación: para epilepsia refractaria farmacéutica, 5-20 mg/kg/día divididos; para ansiedad y dolor, 25-600 mg/día con escalado progresivo; para sueño, 25-160 mg en una toma vespertina; el CBD tiene biodisponibilidad oral modesta (10-20 por ciento), mejor con comida grasa; los aceites sublinguales tienen biodisponibilidad superior por absorción mucosa; los productos farmacéuticos tienen pureza y dosificación reguladas, los comerciales pueden ser muy heterogéneos.
Generalmente bien tolerado en las dosis estudiadas; los efectos adversos más frecuentes son somnolencia, fatiga, diarrea, alteraciones del apetito y cambios de peso; el CBD es un inhibidor potente de varias enzimas del citocromo P450 hepático (especialmente CYP3A4 y CYP2C19), con interacciones farmacológicas clínicamente relevantes que incluyen warfarina, clobazam, valproato (donde aumenta el riesgo de hepatotoxicidad), tacrolimus, sirolimus, algunos antidepresivos y muchos otros fármacos metabolizados por estas vías; las personas con polifarmacia importante deben consultar antes con su médico; el CBD puede elevar transitoriamente transaminasas hepáticas, especialmente en combinación con otros fármacos hepatotóxicos; en embarazo y lactancia se desaconseja por datos limitados; los productos con THC residual no declarado pueden producir resultados positivos en pruebas antidoping y problemas legales en jurisdicciones con regulación restrictiva; los profesionales con responsabilidades específicas (conducción profesional, trabajos de seguridad) deben considerar las implicaciones legales y profesionales antes de iniciar; las dosis altas o el uso prolongado deben hacerse bajo supervisión médica especialmente si hay polifarmacia o patología hepática.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.