25–50 mg/día en los estudios. Al ser una hormona, idealmente bajo control médico.
Pequeña mejora de la densidad ósea en mujeres mayores.
Ver el estudio (ECA) →Resultados contradictorios; no hay consenso.
No mejora de forma fiable el ánimo en personas sanas.
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La dehidroepiandrosterona, conocida en todos los contextos clínicos como DHEA, es la hormona esteroidea más abundante de la circulación humana y la materia prima a partir de la cual el organismo fabrica los andrógenos (testosterona) y los estrógenos (estradiol) en distintos tejidos; se produce principalmente en la corteza suprarrenal y, en menor medida, en las gónadas, y sus niveles plasmáticos siguen una curva característica que alcanza el pico hacia los 20-25 años y luego cae de forma sostenida hasta perder el 80 por ciento del valor juvenil en personas mayores de 70.
Esta caída relacionada con la edad ha alimentado durante décadas la hipótesis de que reponer DHEA exógena podría tener un efecto «rejuvenecedor», y esa promesa ha sostenido un mercado de suplementos enorme especialmente en países donde se vende libremente; la realidad clínica, sin embargo, es bastante más matizada de lo que la publicidad sugiere y conviene desgranar qué dice realmente la evidencia antes de decidir si tiene sentido suplementarla.
En mujeres con insuficiencia suprarrenal documentada (Addison o panhipopituitarismo), la suplementación con 25 a 50 miligramos diarios de DHEA mejora consistentemente el estado de ánimo, la energía, la libido y el bienestar global, y es una indicación clínica reconocida con buena evidencia; el efecto en personas con suprarrenales sanas y niveles normales para la edad es mucho más débil y poco predecible, lo que limita su utilidad en el contexto del «envejecimiento normal» en personas sanas.
En mujeres mayores con disfunción sexual asociada al envejecimiento, especialmente atrofia vaginal y libido baja, la DHEA vaginal (prasterone) sí ha mostrado eficacia clínica con bajo riesgo sistémico; en hombres con hipogonadismo, los estudios con DHEA oral muestran resultados inconsistentes y la testosterona directa sigue siendo el tratamiento de elección cuando está indicada y bajo supervisión endocrinológica.
Una de las indicaciones donde la DHEA ha generado más interés en la última década es la baja reserva ovárica en mujeres que se preparan para reproducción asistida: varios estudios observacionales y algunos ensayos pequeños sugieren mejoras modestas en el número de óvulos recuperados y en las tasas de embarazo con 75 miligramos diarios durante varios meses antes del ciclo de estimulación, aunque los ensayos aleatorizados de mayor calidad han mostrado efectos menos espectaculares que los reportados inicialmente.
Esta indicación específica requiere supervisión médica especializada en reproducción asistida y nunca debe iniciarse por cuenta propia porque la DHEA es una hormona con efectos sistémicos sobre el ciclo, el endometrio y el perfil andrógeno-estrógeno, y la dosis y duración óptimas son distintas a las del uso «antienvejecimiento» general.
La DHEA tiene efectos secundarios androgénicos típicos: en mujeres puede aparecer acné, hirsutismo, voz más grave y cambio del olor corporal; en hombres a dosis altas puede subir el estradiol por aromatización con los problemas asociados (ginecomastia, retención de líquidos); en ambos sexos puede alterar el perfil lipídico, bajando el HDL, especialmente con uso prolongado y dosis no monitorizadas.
Está formalmente contraindicada en cánceres dependientes de hormonas (mama, próstata, ovario) y en personas con antecedentes familiares importantes de estos cánceres, porque la DHEA puede convertirse periféricamente en estradiol o testosterona y alimentar tumores hormonosensibles; también está prohibida en el deporte por su consideración como sustancia dopante en prácticamente todas las federaciones.
Si se considera usar DHEA, la pauta más razonable es: medir antes el nivel sérico (DHEA-sulfato) para valorar si realmente está bajo respecto al rango ajustado por edad y sexo, usar dosis bajas (25 mg diarios en mujeres, 25-50 mg en hombres) y monitorizar a los 3 meses tanto la respuesta clínica como los niveles plasmáticos para evitar suprafisiología; idealmente, todo bajo seguimiento médico, especialmente en personas mayores donde el equilibrio hormonal es más delicado.
La DHEA no es un suplemento «más» que se pueda añadir sin pensar al cóctel diario: es una hormona con efectos sistémicos importantes, y aunque su perfil de seguridad a corto plazo y dosis bajas es razonablemente bueno, no tiene sentido tomarla sin un objetivo clínico claro y sin medición de niveles que justifique la suplementación en cada caso individual.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.