Menos de 30–50 g de hidratos al día; cuida la proteína, la fibra y los electrolitos.
Ensayo piloto aleatorizado (47 pacientes con Parkinson, 8 semanas): tanto la dieta baja en grasa como la cetogénica mejoraron los síntomas; la cetogénica mejoró más los síntomas no motores. Estudio pequeño y preliminar.
Ver el estudio (estudio) →⏱ 4 min de lectura
La dieta cetogénica es un patrón dietético caracterizado por una restricción muy importante de carbohidratos (típicamente menos de 30-50 g/día), un aporte de proteínas moderado (1,2-2,0 g/kg/día) y un aporte alto de grasas (que cubren el 70-80 por ciento de las calorías totales); esta composición fuerza al organismo a producir y utilizar cuerpos cetónicos (especialmente beta-hidroxibutirato, acetoacetato y acetona) como combustible principal en lugar de glucosa, un estado metabólico llamado cetosis nutricional que reproduce parcialmente el metabolismo del ayuno prolongado y que tiene aplicaciones clínicas específicas con respaldo de calidad variable según la indicación.
La indicación clínica con respaldo más sólido y la más histórica es la epilepsia refractaria pediátrica: la dieta cetogénica clásica con ratio 4:1 (4 g de grasa por cada 1 g combinado de proteína + carbohidrato) y sus variantes (Atkins modificada, índice glucémico bajo) son tratamientos establecidos en epilepsia pediátrica refractaria a fármacos antiepilépticos, con reducciones del 50 por ciento o más en frecuencia de crisis en aproximadamente la mitad de los pacientes; estas dietas se prescriben con supervisión médica especializada y nutricional estricta en centros especializados de epilepsia, no son lo mismo que las dietas "cetogénicas" populares para pérdida de peso.
En pérdida de peso, varios ensayos han documentado pérdidas significativas y a veces más rápidas que con dietas tradicionales bajas en grasa durante los primeros 3-6 meses; sin embargo, a 12-24 meses, los resultados se igualan entre dietas cuando se ajusta por adherencia, y la sostenibilidad a largo plazo de la cetogénica estricta es relativamente baja para la mayoría de personas; la cetogénica es una herramienta útil para algunas personas pero no es universalmente superior a otras estrategias de pérdida de peso bien implementadas.
En diabetes tipo 2, varios estudios han documentado mejoras significativas en glucemia, hemoglobina glicada y, en algunos casos, remisión de la diabetes con dieta cetogénica supervisada durante meses a 1-2 años, con magnitudes en algunos casos superiores a las de tratamientos farmacológicos estándar; el ensayo de Virta Health y otros estudios han generado interés clínico significativo en esta indicación, aunque requiere monitorización médica estricta para ajustar medicación (especialmente insulina y secretagogos) y prevenir hipoglucemia.
En enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer, Parkinson, ELA), cánceres con dependencia glucolítica específica (glioblastoma) y otras patologías, la dieta cetogénica está en investigación con datos preliminares de calidad variable; la línea de investigación es activa pero los datos clínicos robustos para estas indicaciones son aún limitados.
Las grasas saludables (aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos, pescado azul, semillas) deben ser la base del aporte graso; las grasas saturadas y procesadas en exceso son problemáticas en cualquier patrón dietético, también en cetogénica; el aporte adecuado de proteína (1,2-2,0 g/kg/día) es importante para preservar masa muscular; las verduras de bajo índice glucémico (especialmente verduras de hoja verde, crucíferas, calabacín, pimiento) deben ser abundantes para garantizar aporte de fibra, vitaminas y minerales; la hidratación y el aporte adecuado de electrolitos (especialmente sodio, potasio, magnesio) son críticos durante la cetoadaptación inicial; los efectos secundarios iniciales ("gripe cetogénica" con cefalea, fatiga, irritabilidad) son temporales y se minimizan con buen aporte electrolítico.
La implementación práctica requiere planificación cuidadosa: contar carbohidratos (menos de 30-50 g/día), priorizar fuentes de grasa saludable, mantener proteína adecuada, ajustar progresivamente las cantidades según respuesta individual; la duración óptima varía según indicación (3-6 meses para pérdida de peso, indefinida bajo supervisión para epilepsia refractaria); el "ciclado" entre periodos cetogénicos y mediterráneos es una opción para personas que prefieren no mantener la cetosis indefinidamente.
Las consideraciones de seguridad son importantes: la dieta cetogénica está contraindicada en personas con porfiria, defectos enzimáticos específicos del metabolismo de cuerpos cetónicos (déficit de carnitina, déficit primario de piruvato carboxilasa, otros), pancreatitis aguda, enfermedad hepática severa, embarazo y lactancia (excepto bajo supervisión médica muy específica), trastornos de la conducta alimentaria activos; las personas con diabetes tipo 1 deben tener cuidado especial por riesgo de cetoacidosis diabética (distinta de cetosis nutricional pero confundible clínicamente); las personas con diabetes tipo 2 en tratamiento farmacológico requieren ajustes de medicación supervisados por endocrinología; las personas con dislipemia familiar específica pueden tener empeoramiento de LDL con cetogénica rica en grasas saturadas; el seguimiento médico durante la implementación inicial y, idealmente, a lo largo del tratamiento es prudente; los productos comerciales "keto" ultraprocesados son frecuentemente desaconsejables pese a la etiqueta (perfil bioquímico desfavorable, ingredientes problemáticos); la postura clínica razonable es: la cetogénica es una herramienta clínica válida para indicaciones específicas (epilepsia refractaria, algunos cánceres específicos, diabetes tipo 2 supervisada, pérdida de peso en personas seleccionadas que la toleran y prefieren), pero no es universalmente superior a la dieta mediterránea para la mayoría de objetivos de salud poblacional.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.