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Suplemento

Fosfatidilserina

Fosfolípido de las membranas neuronales; se usa para la memoria y la atención y para amortiguar el cortisol del estrés y del ejercicio.
Categoría
Evidencia científica
Baja-moderada
Nº de hallazgos
3
Fuentes
Resúmenes propios · Estudios citados
Dosis recomendada y modo de uso
300 mg/día (100 mg ×3) para cognición; 200–400 mg para el cortisol del ejercicio. Hoy se obtiene de soja o girasol.

Cómo tomarlo

300 mg/día (100 mg ×3) para cognición; 200–400 mg para el cortisol del ejercicio. Hoy se obtiene de soja o girasol.

Seguridad

Bien tolerada. Cautela con anticoagulantes.

Efecto por objetivo · nivel de evidencia

Memoria y cognición (mayores)

mejora (modesta) Baja-moderada ECA antiguos (AA)
Efecto pequeño

Posible mejora de memoria en el deterioro asociado a la edad; gran parte de los estudios usaban la forma bovina, ya en desuso.

Ver el estudio (ensayo clínico) →

Estrés y cortisol (ejercicio)

mejora (modesta) Baja-moderada ECA pequeños (A)
↓ Cortisol

Puede amortiguar la subida de cortisol por ejercicio intenso.

Ver el estudio (ensayo clínico) →

TDAH (niños)

mejora (modesta) Baja ensayos pequeños (A)
Efecto pequeño

Señal débil sobre atención; no es un tratamiento establecido.

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En profundidad

⏱ 3 min de lectura

La fosfatidilserina es un fosfolípido que forma parte estructural de las membranas de todas las células del organismo, con una concentración especialmente alta en las membranas de las neuronas, donde participa en la transmisión sináptica, la fluidez de las vesículas de neurotransmisores y la señalización intracelular que mantiene viva la conversación entre células nerviosas; la suplementación oral con fosfatidilserina busca aprovechar esta riqueza estructural para apoyar la función cognitiva en envejecimiento y para amortiguar la respuesta de cortisol al estrés físico intenso.

Históricamente, la fosfatidilserina se extraía del cerebro bovino, pero el brote de encefalopatía espongiforme bovina en los años noventa llevó a la industria a desarrollar versiones derivadas de soja y girasol, que son las que dominan el mercado actual; los estudios clínicos modernos se han hecho mayoritariamente con estas formas vegetales, con dosis y resultados comparables a los obtenidos con la versión bovina original aunque con algún matiz en la composición específica de cadenas grasas.

Cortisol y respuesta al estrés del ejercicio intenso

La indicación con mejor evidencia en personas sanas es la amortiguación del aumento de cortisol que provoca el ejercicio físico de alta intensidad: varios ensayos controlados han mostrado que 600 miligramos diarios de fosfatidilserina (o dosis fraccionadas de 400 mg) tomados antes de sesiones de entrenamiento intenso reducen significativamente el pico de cortisol post-ejercicio, lo que puede traducirse en mejor recuperación, menor sensación de fatiga acumulada y mejor adaptación al entrenamiento a lo largo de las semanas.

Esta indicación es especialmente relevante para atletas de resistencia, levantadores de pesas y personas con cargas de entrenamiento elevadas que muestran signos de sobreentrenamiento; las dosis activas son altas (400 a 800 mg/día), lo que encarece el uso, pero el efecto fisiológico está bien documentado y el perfil de seguridad es excelente comparado con otras estrategias de control del cortisol como los corticosteroides farmacológicos.

Cognición en envejecimiento

En adultos mayores con deterioro cognitivo leve, varios ensayos aleatorizados han mostrado mejoras modestas en memoria episódica, recuerdo libre y rendimiento en pruebas atencionales con dosis de 300 miligramos diarios (100 mg ×3) durante 3 a 6 meses; los efectos son consistentes pero modestos, comparables a otros compuestos colinérgicos como la citicolina, y suelen percibirse mejor en pruebas formales de neuropsicología que en la sensación subjetiva del día a día.

En adultos jóvenes sanos los datos son más limitados y los efectos sobre la cognición «normal» son pequeños o inconsistentes, lo que sugiere que la fosfatidilserina funciona mejor cuando hay un sustrato de deterioro o cuando se utiliza en el contexto específico del entrenamiento físico exigente, no como nootrópico generalista para personas sin problemas cognitivos.

TDAH infantil y otros usos

Algunos ensayos en niños con TDAH han mostrado mejoras modestas en atención y comportamiento con dosis de 200 a 300 miligramos diarios durante 2 a 4 meses, especialmente cuando la fosfatidilserina se combinaba con omega-3; estos datos son interesantes pero proceden de estudios pequeños y heterogéneos, y la decisión de usarla en niños debería tomarse con asesoría profesional, no como sustituto de las intervenciones convencionales validadas.

Cómo tomarla y precauciones

Las dosis estudiadas oscilan entre 100 y 800 miligramos diarios según la indicación: 100-300 mg/día para cognición en mayores, 400-800 mg/día para amortiguar el cortisol del ejercicio intenso, repartidos en dos o tres tomas con las comidas porque su absorción mejora con grasa dietética; los efectos clínicos suelen aparecer entre 4 y 12 semanas, no es un compuesto de acción inmediata.

Es generalmente bien tolerada; los efectos adversos más frecuentes son molestias digestivas leves e insomnio si se toma muy tarde; las personas que toman anticoagulantes deben tener precaución porque hay datos teóricos de interacción con la agregación plaquetaria, especialmente a dosis altas; los productos derivados de soja son alergénicos para personas con alergia a la soja, una limitación a tener en cuenta al elegir la fuente.

Referencias

  1. Starks, M.A. et al. (2008). The effects of phosphatidylserine on endocrine response to moderate intensity exercise. J Int Soc Sports Nutr 5. doi:10.1186/1550-2783-5-11
  2. Monteleone, P. et al. (1992). Blunting by chronic phosphatidylserine administration of the stress-induced activation of the hypothalamo-pituitary-adrenal axis in healthy men. Eur J Clin Pharmacol 42, 4. doi:10.1007/BF00280121
  3. Crook, T.H. et al. (1991). Effects of phosphatidylserine in age-associated memory impairment. Neurology 41, 5. doi:10.1212/wnl.41.5.644
  4. Kato-Kataoka, A. et al. (2010). Soybean-derived phosphatidylserine improves memory function of the elderly Japanese subjects with memory complaints. J Clin Biochem Nutr 47, 3. doi:10.3164/jcbn.10-62
  5. Hirayama, S. et al. (2014). The effect of phosphatidylserine administration on memory and symptoms of attention-deficit hyperactivity disorder. J Hum Nutr Diet 27, Suppl 2. doi:10.1111/jhn.12090

Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.

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