10 mg/día de luteína (con 2 mg de zeaxantina), con la comida.
Reduce la progresión a DMAE avanzada en personas con riesgo.
Ver el estudio (ECA grande) →Posible mejora del deslumbramiento y la fatiga visual.
Ver el estudio (ECA) →⏱ 3 min de lectura
La luteína y la zeaxantina son dos carotenoides amarillos-naranjas estrechamente emparentados, presentes en verduras de hoja verde oscura (espinaca, col rizada, brócoli), yema de huevo y maíz, que comparten una propiedad única en el organismo: son los únicos carotenoides que se acumulan selectivamente en la mácula del ojo, esa pequeña área central de la retina responsable de la visión nítida, el detalle y la lectura, donde forman el pigmento macular que actúa como filtro de luz azul y como antioxidante específico de los fotorreceptores.
La densidad del pigmento macular varía enormemente entre personas y cae con la edad, especialmente en fumadores, en personas con piel clara y en quienes consumen poca verdura de hoja verde; las personas con pigmento macular bajo tienen mayor riesgo de degeneración macular asociada a la edad (DMAE), la causa principal de ceguera legal en mayores de 65 años en los países desarrollados, y la suplementación con luteína y zeaxantina ha emergido como una de las pocas intervenciones nutricionales con evidencia clínica seria para proteger la visión a largo plazo.
La indicación con mejor evidencia es la prevención de progresión de DMAE: el ensayo AREDS2 publicado en JAMA en 2013 demostró que añadir 10 mg de luteína + 2 mg de zeaxantina al cóctel antioxidante AREDS original (vitaminas C, E, zinc y cobre) reducía significativamente la progresión hacia DMAE avanzada en personas con DMAE intermedia, especialmente en aquellos con baja ingesta dietética basal de estos carotenoides.
La luteína/zeaxantina del AREDS2 sustituyeron al beta-caroteno del cóctel original, que se había asociado con mayor riesgo de cáncer de pulmón en fumadores; el resultado de esta sustitución fue un cóctel preventivo más seguro y, en el subgrupo con baja ingesta basal de luteína, más eficaz: una intervención nutricional con datos de eficacia comparables a algunas intervenciones farmacológicas en degeneración macular.
En cataratas, varios estudios observacionales han mostrado asociaciones inversas entre consumo de luteína/zeaxantina y riesgo de cataratas que requieren cirugía; los ensayos de suplementación son más heterogéneos pero apuntan a un efecto protector modesto con uso prolongado (años); en retinopatía diabética, hay datos preliminares sobre mejoras en sensibilidad al contraste y reducción del edema macular con suplementación específica.
Más allá de la patología macular, varios estudios han mostrado mejoras en velocidad de procesamiento visual, sensibilidad al contraste y rendimiento en tareas visuales exigentes con suplementación a 10 mg/día de luteína durante 4-12 meses en adultos sanos, especialmente en los que pasan muchas horas frente a pantallas; estos efectos se han atribuido a la mejora del pigmento macular que reduce el deslumbramiento y mejora la calidad funcional de la visión.
En cognición global, los datos son interesantes: varios estudios han correlacionado niveles plasmáticos de luteína con mejor función cognitiva en adultos mayores y, en ensayos pequeños, la suplementación ha mostrado mejoras modestas en memoria y velocidad de procesamiento, sugiriendo un papel neuroprotector que requiere confirmación en estudios más amplios.
Las dosis estudiadas oscilan entre 6 y 20 miligramos diarios de luteína (con 0,5-4 mg de zeaxantina), idealmente con una comida grasa porque la absorción depende mucho de la matriz lipídica (sin grasa se absorbe menos del 25 por ciento); los productos con luteína libre estandarizada en una matriz oleosa (cápsulas blandas) son los más respaldados clínicamente y los más eficaces en cuanto a biodisponibilidad.
Es uno de los suplementos con mejor perfil de seguridad: prácticamente sin efectos adversos a las dosis estudiadas durante años, sin contraindicaciones específicas; un efecto cosmético inofensivo es la posible coloración amarillenta de la piel con dosis muy altas mantenidas (carotenodermia, reversible al reducir la dosis); las personas con cirugía ocular reciente conviene que consulten al oftalmólogo antes de iniciar suplementación, no por riesgo conocido sino por la prudencia general del postoperatorio.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.