100–200 µg/día como selenometionina, durante 3-6 meses; vigilar no pasar de 400 µg/día sostenidos.
29 ensayos: mejora moderada en signos de tiroiditis de Hashimoto (anti-TPO en algunos estudios). La TSH no cambia consistentemente.
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El selenio es un mineral traza esencial cuya función biológica se ejerce casi exclusivamente a través de su incorporación a un grupo selecto de proteínas (selenoproteínas), que incluyen las glutatión peroxidasas (defensa antioxidante de primera línea), las tiorredoxina reductasas (regeneración de antioxidantes endógenos) y las deyodinasas tiroideas (conversión de T4 inactiva a T3 activa); esta concentración funcional en sistemas críticos explica por qué incluso deficiencias leves pueden traducirse en disfunciones detectables del sistema inmune, la función tiroidea o la defensa antioxidante general.
El contenido de selenio en los alimentos depende enormemente del suelo donde se cultivó la planta o donde pastó el animal: las nueces de Brasil son la fuente alimentaria más concentrada (una sola nuez puede aportar más del 100 por ciento de la ingesta diaria recomendada), seguidas de mariscos, vísceras y carnes; en Europa los suelos son relativamente pobres en selenio comparados con los americanos, lo que se traduce en ingestas medias menores y en una mayor prevalencia de estados subóptimos, especialmente en países como Reino Unido o Finlandia (donde el gobierno llegó a añadir selenio a los fertilizantes para mejorar el estatus poblacional).
En tiroiditis autoinmune (Hashimoto), varios ensayos aleatorizados han mostrado que la suplementación con 100-200 microgramos diarios de selenio (preferentemente como selenometionina) reduce los anticuerpos antitiroideos (anti-TPO) tras 3-6 meses de tratamiento, con magnitudes de efecto modestas pero replicables; la traducción clínica de esa reducción de anticuerpos en mejoras sintomáticas o en preservación de función tiroidea a largo plazo es más debatida.
En Graves (hipertiroidismo autoinmune), la suplementación con 200 microgramos/día durante 6 meses ha mostrado mejoras en calidad de vida y en algunos marcadores oculares en pacientes con oftalmopatía de Graves leve, una indicación específica respaldada por un ensayo europeo bien diseñado publicado en NEJM en 2011.
En infecciones virales, varios estudios han mostrado que la suplementación corrige defectos inmunitarios en personas con bajo estatus de selenio; sin embargo, los grandes ensayos en prevención de cáncer (especialmente el SELECT en cáncer de próstata) no demostraron beneficio de la suplementación en poblaciones bien nutridas, e incluso sugirieron posibles riesgos en personas con estatus basal alto, una lección importante sobre la curva en U de muchos micronutrientes.
En fertilidad masculina, varios ensayos pequeños han mostrado mejoras en motilidad espermática y morfología con suplementación a 100-200 microgramos/día durante 3 meses, especialmente combinado con vitamina E u otros antioxidantes, una indicación coherente con el papel de las selenoproteínas en la maduración espermática y en la protección antioxidante testicular.
Las dosis nutricionales habituales son 55-70 microgramos diarios (ingesta recomendada en adultos); las dosis terapéuticas en tiroiditis o fertilidad son 100-200 microgramos diarios de selenometionina o selenocisteína (mejor biodisponibilidad que el selenito sódico inorgánico); el límite superior de seguridad establecido es 400 microgramos diarios y conviene no superarlo de forma crónica por riesgo de toxicidad (selenosis).
Es uno de los minerales con margen terapéutico más estrecho: la deficiencia y el exceso producen problemas distintos pero igualmente serios; los signos de toxicidad crónica incluyen aliento aliáceo (a ajo), fragilidad ungueal y capilar, alteraciones gastrointestinales y, en casos severos, neuropatía periférica; las personas con tiroiditis activa deben monitorizar función tiroidea durante la suplementación porque ocasionalmente puede haber cambios transitorios; en embarazo y lactancia los requerimientos aumentan ligeramente y la suplementación moderada es segura.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.