≈ 700–900 µg/día (cantidad recomendada). Mejor obtenerla de la dieta, incluido el betacaroteno de frutas y verduras.
Donde hay déficit, previene la ceguera y reduce la mortalidad infantil.
En fumadores, el betacaroteno en suplemento AUMENTÓ el cáncer de pulmón.
Ver el estudio (ECA (CARET)) →⏱ 3 min de lectura
La vitamina A es un grupo de compuestos liposolubles que incluye el retinol y sus ésteres (forma activa de origen animal) y los carotenoides provitamínicos (especialmente betacaroteno, alfa-caroteno y betacriptoxantina) presentes en frutas y verduras coloreadas que el organismo convierte en retinol con eficiencia variable y limitada; su función biológica se centra en tres dominios críticos: la visión (componente esencial de la rodopsina retiniana), la diferenciación celular epitelial (mantenimiento de mucosas, piel y revestimientos glandulares) y la inmunidad celular (modulación de linfocitos T y respuesta antiviral).
El déficit de vitamina A es una de las deficiencias nutricionales con mayor impacto en salud pública mundial: la OMS estima que afecta a centenares de millones de niños en países de renta baja, donde es una causa importante de ceguera infantil prevenible y aumenta significativamente la mortalidad por infecciones respiratorias y diarreicas; en países desarrollados la deficiencia clínica es rara pero las deficiencias subclínicas en grupos específicos (vegetarianos estrictos sin atención dietética, malabsorciones intestinales, alcoholismo) tienen relevancia clínica reconocida.
La función más clásica de la vitamina A es la visión: el retinol es esencial para la regeneración de la rodopsina, el pigmento fotosensible de los bastones retinianos responsables de la visión en condiciones de baja luminosidad; el déficit moderado produce hemeralopía (ceguera nocturna) y, en estadios avanzados, xeroftalmía (sequedad corneal, queratomalacia y ulceración corneal irreversible que puede llevar a la ceguera permanente).
En países con déficit endémico, los programas de suplementación con megadosis periódicas (200.000 UI cada 4-6 meses en niños de 6 meses a 5 años) han demostrado reducciones significativas de mortalidad infantil y de ceguera prevenible, una de las intervenciones de salud pública nutricional con mejor relación coste-eficacia disponible.
En sarampión y otras infecciones virales en niños con déficit nutricional, la suplementación con dos dosis altas de vitamina A (200.000 UI días 1 y 2) reduce significativamente la mortalidad y las complicaciones graves, una intervención recomendada por la OMS y validada por múltiples ensayos clínicos; el mecanismo es múltiple, incluyendo mejora de la barrera epitelial respiratoria, modulación de linfocitos T y reducción de la replicación viral.
Los retinoides farmacológicos derivados de la vitamina A (isotretinoína oral, tretinoína tópica, adapaleno) son tratamientos de referencia en acné severo, queratosis y algunos cánceres cutáneos, una indicación dermatológica bien establecida; la vitamina A oral a dosis suprafarmacológicas se ha usado con resultados inconsistentes y con perfil de toxicidad significativo, por lo que los retinoides sintéticos han desplazado prácticamente este uso.
A diferencia de la mayoría de vitaminas hidrosolubles, la vitamina A se acumula en hígado y tejido graso y tiene una toxicidad crónica bien caracterizada: dosis mantenidas superiores a 10.000 UI diarias pueden producir hipervitaminosis A con cefalea, náuseas, alopecia, descamación cutánea, hepatotoxicidad, hipercalcemia, dolor óseo y, en niños, hipertensión intracraneal benigna; el límite superior tolerable en adultos es 10.000 UI diarias (3.000 microgramos de retinol).
En embarazo, la vitamina A es teratógena a dosis altas: dosis superiores a 10.000 UI diarias se asocian con malformaciones craneofaciales y del sistema nervioso central fetal, una toxicidad bien documentada que justifica la prohibición de retinoides farmacológicos durante la gestación y la precaución con suplementos vitamínicos no específicos para embarazo.
Las dosis nutricionales habituales son 700-900 microgramos de equivalentes de retinol diarios en adultos (2.300-3.000 UI), aportadas por una dieta variada que incluya algún producto animal (huevo, lácteos, hígado ocasional) o cantidades generosas de verduras coloreadas (zanahoria, calabaza, espinaca, batata); en personas con ingesta animal limitada, los carotenoides son una fuente válida aunque su conversión a retinol es modesta (factor 12:1 para betacaroteno).
Las precauciones más importantes son la limitación de dosis para evitar toxicidad crónica y la prohibición de dosis altas en embarazo; las personas con enfermedad hepática crónica deben evitar la suplementación porque el hígado dañado almacena vitamina A de forma anómala y se daña adicionalmente; los productos de aceite de hígado de bacalao son una fuente concentrada y deben dosificarse con cuidado; en multivitamínicos, el betacaroteno es preferible al retinol porque su conversión es regulada y no produce toxicidad por acumulación; los fumadores deben evitar suplementos de betacaroteno a dosis altas (más de 20 mg/día) por aumento de riesgo de cáncer de pulmón documentado en los ensayos CARET y ATBC.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.