150 µg/día (adultos); 220–290 µg/día en embarazo y lactancia. La sal yodada cubre a la mayoría.
Corrige el déficit y previene el bocio y el daño del desarrollo (cretinismo).
Ver el estudio (revisión) →El déficit durante el embarazo daña el desarrollo cerebral del bebé.
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El yodo es un mineral traza cuya única función biológica conocida es servir de componente estructural de las hormonas tiroideas (tiroxina T4 y triyodotironina T3), responsables de regular el metabolismo basal, la termogénesis, el crecimiento óseo, el desarrollo cerebral fetal y la maduración del sistema nervioso en los primeros años de vida; esta función única pero crítica explica que el déficit de yodo sea una de las causas evitables más importantes de retraso cognitivo y daño cerebral en todo el mundo, una emergencia sanitaria del siglo XX que la yodación universal de la sal de mesa redujo drásticamente sin eliminar del todo.
España es un país tradicionalmente con yodación insuficiente: aunque la sal yodada está disponible desde los años ochenta, su penetración en la población es subóptima y el consumo de pescado azul (otra fuente importante) ha disminuido en las últimas décadas; los estudios de yoduria poblacional muestran cifras medias en el límite inferior del rango óptimo y, en ciertos grupos (embarazadas, niños pequeños, mujeres en edad fértil), una prevalencia de yodo deficiencia leve a moderada que justifica intervenciones de salud pública específicas.
La indicación con mayor relevancia clínica es la suplementación durante el embarazo y la lactancia: las necesidades de yodo aumentan un 50 por ciento durante la gestación porque la madre debe aportar el yodo necesario para la síntesis hormonal de su propia tiroides hiperactivada y para el desarrollo cerebral fetal; el déficit moderado a severo durante el primer trimestre se asocia con reducciones de cociente intelectual en la descendencia, una asociación robusta documentada en grandes cohortes.
Las guías internacionales (OMS, Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición) recomiendan suplementación con 150-200 microgramos diarios de yoduro potásico durante toda la gestación y la lactancia, idealmente iniciando antes de la concepción; esta recomendación se aplica universalmente excepto en personas con tiroiditis autoinmune activa, en las que la suplementación debe individualizarse por riesgo de exacerbación.
En adultos no embarazadas con yodo adecuado, la suplementación no aporta beneficio clínico y, en personas con tiroiditis autoinmune o nódulos tiroideos autónomos, puede precipitar disfunción tiroidea (hipotiroidismo o hipertiroidismo); la suplementación con yodo en adultos solo está indicada si hay déficit documentado por yoduria o por situación clínica específica.
Hay datos preliminares de que la suplementación con yodo molecular (no yoduro) a dosis de 3-6 miligramos diarios podría mejorar síntomas de mastopatía fibroquística en mujeres premenopáusicas, una indicación tradicional respaldada por algún ensayo clínico pequeño pero que no ha entrado en las guías clínicas convencionales por la heterogeneidad de los datos y por las preocupaciones sobre función tiroidea con dosis altas mantenidas.
Las dosis nutricionales son 150 microgramos diarios en adultos no embarazadas, 200 microgramos en embarazo y lactancia (preferentemente como yoduro potásico, la forma más estudiada y mejor tolerada); el límite superior seguro establecido es 1.100 microgramos diarios en adultos, una cifra que es muy fácil de superar con suplementos no estandarizados de algas (kelp, dulse) que pueden contener cantidades enormes y variables de yodo.
La precaución más importante es no superar dosis altas crónicas: tanto el déficit como el exceso pueden precipitar disfunción tiroidea (efecto Wolff-Chaikoff o Jod-Basedow), especialmente en personas con tiroiditis autoinmune, nódulos tiroideos o predisposición a enfermedad tiroidea; los suplementos de algas son problemáticos por su contenido impredecible y deben evitarse a favor de yoduro potásico estandarizado; las personas con enfermedad tiroidea conocida deben individualizar la suplementación con su endocrinólogo; en embarazo es donde más importa garantizar la suplementación adecuada, idealmente iniciada antes de la concepción.
Información, no consejo médico. La evidencia científica refleja la calidad de los estudios.