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Neuromoduladores

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Neuromoduladores

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Los neuromoduladores no transmiten un mensaje puntual de una neurona a otra, como hacen el glutamato o el GABA, sino que ajustan la ganancia y el tono de circuitos enteros: cambian cómo de excitables están las neuronas, cuánto duran sus respuestas y con qué facilidad se comunican. Actúan de forma más difusa y prolongada, y por eso moldean estados globales como la vigilia, la calma, la atención o el apetito.

La adenosina se acumula a lo largo del día y genera la presión de sueño; la cafeína produce alerta precisamente porque bloquea sus receptores. La histamina cerebral sostiene la vigilia —de ahí que muchos antihistamínicos den somnolencia—. Los endocannabinoides, como la anandamida, funcionan como una señal de retorno que atenúa la actividad excesiva y participan en el apetito, el estrés y la regulación del dolor.

Los neuroesteroides, derivados de hormonas como la progesterona (la alopregnanolona), potencian el receptor GABA-A y producen un efecto calmante y ansiolítico natural; sus caídas explican parte de la irritabilidad premenstrual y posparto. La melatonina ajusta el reloj circadiano y prepara al cerebro para el sueño, y el óxido nítrico, un gas que difunde libremente entre células, modula tanto el tono de los vasos como la plasticidad sináptica.

Mirar el cerebro a través de sus neuromoduladores explica por qué el café despierta, por qué ciertos momentos del ciclo hormonal cambian el estado de ánimo o por qué la luz y los horarios afectan tanto al sueño: no se trata de encender o apagar neuronas concretas, sino de subir o bajar el volumen de sistemas enteros.

Información divulgativa, no consejo médico.

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