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Las grasas no son sólo reserva de energía: forman las membranas de cada célula, envuelven el sistema nervioso y dan origen a moléculas de señalización. Y como el resto de familias, muchos lípidos importantes se fabrican a partir de precursores mediante rutas de elongación y desaturación. El caso más relevante para la suplementación es el de los omega-3.
El omega-3 de origen vegetal, el ácido alfa-linolénico (ALA) —presente en la linaza, la chía y las nueces—, es un precursor que el cuerpo puede alargar y desaturar para producir los omega-3 de cadena larga EPA y DHA, los que concentran los beneficios cardiovasculares y neuronales. El problema es la eficiencia: en humanos, la conversión de ALA a EPA es baja y la de ALA a DHA es aún menor, a menudo de apenas un pequeño porcentaje.
Esa baja tasa de conversión explica por qué depender sólo del ALA vegetal rara vez basta para alcanzar niveles óptimos de DHA. Las enzimas responsables —las desaturasas delta-6 y delta-5 y las elongasas— son lentas, compiten con el metabolismo de los omega-6 (muy abundantes en la dieta moderna, lo que agrava el cuello de botella) y varían según la genética, el sexo y la edad. Por eso el pescado azul y, para dietas vegetales, el aceite de algas —que aportan EPA y DHA ya formados— son las fuentes más fiables, saltándose la conversión ineficiente.
Cuando el cuerpo fabrica grasa desde cero —por ejemplo, a partir de un exceso de carbohidratos— parte de un precursor común: el acetil-CoA, la misma molécula que alimenta el metabolismo energético. De él se construyen tanto los ácidos grasos como el colesterol, del que a su vez derivan las hormonas esteroideas, la vitamina D y las sales biliares. Es un ejemplo de cómo un mismo precursor central se ramifica hacia destinos muy distintos según las señales metabólicas.
Las membranas celulares están hechas en gran parte de fosfolípidos, y su construcción necesita precursores específicos como la colina (para la fosfatidilcolina) y otros como la serina y el inositol. Esta conexión enlaza el mundo de los lípidos con el de la acetilcolina y la función cerebral, y explica por qué fuentes de colina como la citicolina o la alfa-GPC aportan a la vez sustrato para el neurotransmisor y para la reparación de las membranas neuronales.
Información divulgativa, no consejo médico.