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La niacina (vitamina B3) es peculiar porque no depende de una sola fuente: llega de la dieta como ácido nicotínico y niacinamida, pero el cuerpo también puede fabricarla a partir del triptófano, el aminoácido esencial. Todos estos caminos desembocan en la misma molécula clave: el NAD (dinucleótido de nicotinamida y adenina), la coenzima que participa en cientos de reacciones de obtención de energía y que además alimenta a enzimas de reparación del ADN y de regulación de la longevidad como las sirtuinas y las PARP.
La ruta desde el triptófano —la vía de la quinurenina— es larga y poco eficiente: se calcula que hacen falta del orden de 60 mg de triptófano por cada mg de niacina producido, y además requiere vitaminas B2 y B6 como cofactores. Pese a esa ineficiencia, una dieta con proteína suficiente aporta bastante triptófano como para cubrir buena parte de las necesidades de niacina, lo que explica por qué la pelagra aparecía sobre todo en poblaciones que dependían del maíz, pobre en triptófano y en niacina disponible.
La pelagra —las tres D clásicas: dermatitis, diarrea y demencia— fue una plaga en regiones donde el maíz era el alimento básico. La clave no era sólo la falta de niacina, sino la doble carencia: el maíz tiene poca niacina biodisponible y poco triptófano para fabricarla. La solución tradicional mesoamericana, la nixtamalización (tratar el maíz con cal), liberaba la niacina y prevenía la enfermedad, un ejemplo brillante de sabiduría culinaria adelantada a la bioquímica.
El interés actual se ha desplazado de prevenir el déficit a intentar elevar el NAD, que disminuye con la edad. Dos precursores han concentrado la investigación: el nicotinamida ribósido (NR) y el nicotinamida mononucleótido (NMN), que entran en la síntesis de NAD por una vía de rescate más corta y eficiente que el triptófano. Los estudios en humanos confirman que elevan los niveles de NAD; lo que aún no está establecido con solidez es en qué se traduce clínicamente ese aumento en personas sanas. Es un campo prometedor pero todavía inmaduro.
Las dos formas dietéticas no son intercambiables en todo. El ácido nicotínico en dosis altas modifica los lípidos en sangre (sube el colesterol HDL, baja los triglicéridos) y produce el característico rubor por vasodilatación; la niacinamida no tiene ese efecto sobre los lípidos ni provoca rubor. Ambas sirven como vitamina y como precursor de NAD, pero sus efectos farmacológicos en dosis elevadas difieren, lo que conviene tener presente al elegir una u otra.
Información divulgativa, no consejo médico.