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El sistema gabaérgico es el principal freno del cerebro. Su protagonista es el GABA (ácido gamma-aminobutírico), el neurotransmisor inhibidor más abundante del sistema nervioso central: reduce la excitabilidad de las neuronas y contrarresta al glutamato, el acelerador excitatorio. El equilibrio entre freno y acelerador determina que el cerebro esté en calma o en alerta.
Para qué sirve. Un tono gabaérgico adecuado se traduce en calma, menos ansiedad, relajación muscular, facilidad para dormir y un umbral más alto frente a la sobreexcitación. Cuando el freno falla aparecen ansiedad, tensión, insomnio e irritabilidad.
Cómo actúa. El GABA trabaja sobre dos receptores: GABA-A (rápido, un canal de cloro que calma la neurona; es la diana de las benzodiacepinas, el alcohol, los barbitúricos y algunos anestésicos) y GABA-B (más lento y modulador). Un matiz importante: el GABA tomado como suplemento cruza mal la barrera hematoencefálica, así que casi todas las estrategias actúan de forma indirecta.
Qué lo modula: aminoácidos y minerales como la L-teanina, el magnesio, la taurina y la glicina; plantas como la valeriana, la pasiflora, la manzanilla (apigenina), la lavanda (silexan) y la ashwagandha; y el CBD. El alcohol potencia el GABA-A de forma aguda —por eso relaja—, pero su uso crónico regula el sistema a la baja y provoca efecto rebote: más ansiedad e insomnio.
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Información, no consejo médico.