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El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que cursa con dificultad para sostener la atención, hiperactividad e impulsividad, en un grado que interfiere con la vida diaria. En el cerebro se asocia a una regulación alterada de la dopamina y la noradrenalina en la corteza prefrontal, la región que gobierna la planificación, el control de impulsos y la memoria de trabajo.
Importante: el TDAH se diagnostica y se trata clínicamente. El tratamiento con más evidencia combina fármacos (estimulantes y no estimulantes) con apoyo conductual; lo que aparece en este mapa son coadyuvantes con evidencia variable, no sustitutos del tratamiento.
Palancas con evidencia (de modesta a moderada): los omega-3 —sobre todo EPA— muestran un efecto pequeño pero consistente sobre los síntomas; el ejercicio regular mejora la atención y la función ejecutiva; el sueño y los ritmos circadianos son clave (su déficit imita y agrava el TDAH); y corregir carencias de hierro, zinc o magnesio ayuda cuando existen. El azafrán ha igualado al metilfenidato en ensayos pequeños, y la cafeína (a veces con L-teanina) da un empujón atencional leve. La fosfatidilserina tiene señales preliminares.
Conecta con los neurotransmisores (dopamina y noradrenalina), la cognición y el sueño.
Información, no consejo médico.